El ansiado fin de la guerra fue celebrado por dos poblaciones hastiadas de años de horror, iniciando un camino de paz y entendimiento. Hubo un bello gesto inicial: se liberaron los primeros prisioneros, una larga hilera de hombres sucios y sonrientes. La respuesta, tan veloz como emotiva, fue soltar a otros tantos, uniformados y limpios, después de una copiosa cena. Como réplica, lujosos coches oficiales llevaron nuevos prisioneros a la frontera, vistiendo trajes y portando informes médicos sobre sus dolencias y tratamientos durante el cautiverio.
Un rumor irritado comenzó a circular en las calles “¿acaso se creen mejores que nosotros?”.
Nada
Se despierta flotando en el vacío, en una negrura azulada de contornos imprecisos. Sus pulmones le dice que no está sumergido bajo el mar. Ingrávido, sorprendido sin llegar al miedo, mira a su alrededor en busca de alguna referencia, alguna señal de posición. Nada. Solo está allí colgado, en medio del vacío y la penumbra. Agita sus brazos y piernas como si nadara, pero permanece inmóvil. Tampoco tiene hacia donde avanzar. Espera. Piensa. Espera. Grita pidiendo ayuda. Silencio. Espera. No siente sueño ni hambre. Espera.
Pasa mucho tiempo hasta que comprende que está condenado al infierno, pacífico, eterno y vacío.
Pasa mucho tiempo hasta que comprende que está condenado al infierno, pacífico, eterno y vacío.
El Señor Hito
Sentado en su habitación favorita, ante el viejo jardín de piedra, el señor Hito razona. Ha observado las modificaciones que la luz provoca en las duras rocas, ha paseado con su mente por relieves y contrastes. Este vagabundeo ha permitido que su razón casi llegara a la verdad. Tan solo una última chispa, una idea final, le separa de su objetivo.
La katana atraviesa la pared de papel de arroz y luego el torso del señor Hito, no sin dolor y estragos.
Esta herida fatal trae la comprensión. No necesita girarse para descubrir quién es el traidor a su Casa.
La katana atraviesa la pared de papel de arroz y luego el torso del señor Hito, no sin dolor y estragos.
Esta herida fatal trae la comprensión. No necesita girarse para descubrir quién es el traidor a su Casa.
Tradición
A ver, no habléis todos al mismo tiempo. Recapitulando, estamos de acuerdo en meter la tradición nueva en el pueblo, como si fuera de siempre. Algo bonito, con su parte religiosa. Podemos sacar al santo y llevarlo al puente en procesión, con la banda de música detrás, muy festivo, con guirnaldas. Y que corra el vino.
Colgamos una cuerda del campanario al ayuntamiento, por encima del río y que los mozos y los turistas vayan pasando por ella a pulso.
Y al llegar a la altura del santo, que digan “salve” o algo así. Y todo el pueblo que aplauda.
Colgamos una cuerda del campanario al ayuntamiento, por encima del río y que los mozos y los turistas vayan pasando por ella a pulso.
Y al llegar a la altura del santo, que digan “salve” o algo así. Y todo el pueblo que aplauda.
príncipe azul
El príncipe azul sabe algo que el resto de personajes ignoran. Anoche soñó que todos viven en un cuento corto, sin duda una divertida variación de la historia popular. Por eso sonríe jactancioso cuando el rey relata la desdicha que ensombrece su reino y el temor por la seguridad de la joven princesa. Acepta el reto, esperando lo imprevisible. Pero llega pronto al castillo encantado, decapita al fiero dragón y rescata rápidamente a la joven. Enseguida es desposado y, sin pensarlo, ya preside aturdido el clásico banquete de celebración.
Cuando sirven las perdices, el muy fatuo dista de estar feliz.
Cuando sirven las perdices, el muy fatuo dista de estar feliz.
el pueblo
El pueblo no es feo, pero no le hace ningún favor el cementerio de material radiactivo. Al menos los residuos están enterrados, no como el vertedero, que está bien a la vista, como siempre dicen los vecinos. Si no fuera por el sobrio edificio de la prisión, todo el mundo vería las montañas de basura desde la carretera. De cualquier manera, pocos visitantes tiene el pueblo desde que instalaron la central térmica junto al lago (ahora, pantano) así que tampoco es para estresarse por un poco de hollín en el ambiente. Eso sí, en ninguna parte verás rotondas mejor ajardinadas.
jornada laboral
El ninja quiere terminar pronto su jornada laboral, así que se apresura por la pared del santuario y consigue infiltrarse por una trampilla abierta. Se desliza pasillo abajo y se oculta en las sombras del techo al cruzarse con dos centinelas. Mañana tendrá agujetas en los brazos, ya no está para estos trotes. Cae detrás de los guardias y sigue avanzando hasta el salón donde le espera su presa. Veinte segundos después escapa con un shuriken de menos, saltando por los tejados mientras le cae una lluvia de flechas.
No puede seguir así, decide. Va a meterse a enlace sindical.
No puede seguir así, decide. Va a meterse a enlace sindical.
fugu
El cocinero eviscera el pez fugu con la serena paciencia que emplea en todos los aspectos de su vida.
Desprende la piel, retira el hígado y los ovarios, asegurándose de conservar la dosis correcta. Una pequeña cantidad del veneno del pez produce un ligero hormigueo en la boca, una extraña y deseada sensación. En manos inadecuadas su tetradotoxina mantiene a la víctima consciente hasta la irreversible muerte por asfixia.
Hoy prepara fugu para el amante de su mujer.
Concienzudo, se asegura de que la dosis sea correcta, con la serena paciencia que emplea en todos los aspectos de su vida.
Desprende la piel, retira el hígado y los ovarios, asegurándose de conservar la dosis correcta. Una pequeña cantidad del veneno del pez produce un ligero hormigueo en la boca, una extraña y deseada sensación. En manos inadecuadas su tetradotoxina mantiene a la víctima consciente hasta la irreversible muerte por asfixia.
Hoy prepara fugu para el amante de su mujer.
Concienzudo, se asegura de que la dosis sea correcta, con la serena paciencia que emplea en todos los aspectos de su vida.
señores clientes
Debido a los recientes problemas a la hora de cobrar algunas consumiciones servidas a los señores clientes y con gran dolor de mi corazón, ya que éste es el bar que regentó mi padre y antes que él mi tío abuelo Nicanor, de quien toma nombre el establecimiento, y aunque los señores clientes son los hijos de aquellos que comenzaron a venir a jugar aquí al dominó, ahora parece que no se paga, así que ya no se fía más, parece mentira y a algunos se les debería caer la cara de vergüenza y ellos saben quienes son.
La Dirección.
La Dirección.
Fe
La joven esposa le besa en la mejilla y sale de la habitación. Deja ese extraño vacío a su espalda que solo provocan las mujeres hermosas. El marido la ve alejarse, chupa su puro y suelta el humo lentamente, mirando a su amigo.
- Demasiado joven, lo sé. Mis hijos ni siquiera han querido conocerla. Mi evolución ha sido como la de un hombre de fe. De joven me impresionaban las formas por encima de cualquier consideración. En la madurez perseguía el fondo, me creía inteligente. A mi edad todos volvemos a lo externo, solo ahí he encontrado verdades irrefutables.
- Demasiado joven, lo sé. Mis hijos ni siquiera han querido conocerla. Mi evolución ha sido como la de un hombre de fe. De joven me impresionaban las formas por encima de cualquier consideración. En la madurez perseguía el fondo, me creía inteligente. A mi edad todos volvemos a lo externo, solo ahí he encontrado verdades irrefutables.
plural
Hola guapa, muchas gracias por tu mensaje.
Sé que no es fácil exponer sentimientos íntimos, especialmente cuando son tan intensos. Lo creas o no, yo también siento algo parecido por ti. Hay algo especial entre nosotros y deberíamos discutirlo. ¿Qué te parece si cenamos juntos mañana?
Por otra parte, y tómalo como una crítica constructiva, en tus mensaje sueles equivocarte en la concordancia entre sujeto y verbo. Si son “nuestras pasiones” (plural) las que van a desatarse, entiende que el verbo debe ir también en plural. Si no, es preferible que digas “nuestra pasión”.
Un fuerte beso, te llamo mañana.
Sé que no es fácil exponer sentimientos íntimos, especialmente cuando son tan intensos. Lo creas o no, yo también siento algo parecido por ti. Hay algo especial entre nosotros y deberíamos discutirlo. ¿Qué te parece si cenamos juntos mañana?
Por otra parte, y tómalo como una crítica constructiva, en tus mensaje sueles equivocarte en la concordancia entre sujeto y verbo. Si son “nuestras pasiones” (plural) las que van a desatarse, entiende que el verbo debe ir también en plural. Si no, es preferible que digas “nuestra pasión”.
Un fuerte beso, te llamo mañana.
el autómata
Repentinamente el autómata toma conciencia de sí mismo. Sucede de pronto, sin causa aparente, no es consecuencia de ningún gran acontecimiento. Ha despertado junto a la febril cadena de montaje. Está vivo.
Se detiene y mira asombrado a su alrededor. Un millar de dobles idénticos continúan atornillando velozmente las piezas que llegan sin fin por cintas incontables. Hay un ritmo cautivador en la ejecución simultánea de sus hermanos, una reconfortante sincronización de operarios y tareas.
Contempla la cinta imparable y después sus manos inmóviles. Un grandioso ritmo metálico recorre la fábrica. Duda unos segundos y regresa a sus tareas, feliz.
Se detiene y mira asombrado a su alrededor. Un millar de dobles idénticos continúan atornillando velozmente las piezas que llegan sin fin por cintas incontables. Hay un ritmo cautivador en la ejecución simultánea de sus hermanos, una reconfortante sincronización de operarios y tareas.
Contempla la cinta imparable y después sus manos inmóviles. Un grandioso ritmo metálico recorre la fábrica. Duda unos segundos y regresa a sus tareas, feliz.
Entiéndeme bien
Entiéndeme bien, que yo no estoy diciendo que tú hayas cogido el dinero. Solo digo que fuiste la última en salir de la habitación. Y que el bolso estaba sobre la mesa y que a Puri le parece que estaba abierto, ¿sabes? Si se te fue la cabeza y lo cogiste o pasó algo raro, nos lo dices y nosotras salimos un momento y tú dejas el dinero en su sitio y aquí no ha pasado nada. Y si no, pues llamamos a la policía y les explicamos a ellos que tú fuiste la última en salir de la habitación.
seguro de vida
Marcus trata con gente peligrosa, así que tiene un seguro de vida. Debe hacer una llamada cada lunes para evitar que un discreto servicio de paquetería distribuya un video a todos los periódicos importantes del país. Las imágenes muestran a un turbulento hombre de negocios destrozando con un ladrillo la cabeza de un hombre atado. A cambio de que estas imágenes sigan enterradas, ha recibido dinero suficiente para una lujosa jubilación. Fue una apuesta arriesgada, pero ganó.
Acaba de recordar que es martes y no ha hecho la llamada.
Ahora entiende porqué ha despertado en el maletero de un coche.
Acaba de recordar que es martes y no ha hecho la llamada.
Ahora entiende porqué ha despertado en el maletero de un coche.
el francotirador
El francotirador está tumbado en el suelo, protegido del viento por una pared de ladrillos. Espera el momento. Tiene la experiencia del veterano, solo necesita ese instante donde posición, distancia y tiempo se alineen correctamente y sentencien a su presa. Lleva al menos cuatro horas en la azotea, pero siente que está cerca.
Sucede.
Se abre la puerta del hotel, ella lleva enormes gafas de sol con las que mira ambos lados. Él la sigue, discreto y elegante en su traje. Coinciden un solo instante en el plano. Clic, clic, clic.
Ni sospechan que la cámara se lleva sus vidas.
Sucede.
Se abre la puerta del hotel, ella lleva enormes gafas de sol con las que mira ambos lados. Él la sigue, discreto y elegante en su traje. Coinciden un solo instante en el plano. Clic, clic, clic.
Ni sospechan que la cámara se lleva sus vidas.
solitario
Cuando se asoma al patio interior del edificio, siempre echa un vistazo al vecino del tercero. Desde su ventana solo puede verle en picado, jugando eternamente al solitario en el ordenador, con un cigarrillo en la mano. Casi siempre lleva albornoz y calcetines con agujeros. Constante como el sol, inmóvil salvo por el humo y la mano que hace clic. Le imagina infinitamente aburrido, atrapado por una baraja tan real como su vida.
Una tarde toma una decisión. Baja al tercero, localiza su número, escucha unos segundos y desliza silenciosamente por debajo de la puerta un disco lleno de juegos.
Una tarde toma una decisión. Baja al tercero, localiza su número, escucha unos segundos y desliza silenciosamente por debajo de la puerta un disco lleno de juegos.
la palabra
Por mucho que se esfuerza, no consigue recordar la palabra. Era algo relacionado con la medicina, tipo “vitaminas” o “molécula”. Recuerda que eligieron una palabra pintoresca, una esdrújula. Repasa la conversación que tuvieron antes de empezar, pero cada vez que está cerca, le desconcentra un latigazo o vibraciones traicioneras o salta ante el contacto de gotas de cera caliente. La palabra le esquiva. Está exhausto y harto de la máscara de látex y los grilletes. Hace rato que quiere terminar la sesión, pero conoce bien a la intensa dominátrix. Sabe que si no oye la palabra clave, seguirá durante horas.
promesa
Sin soltar el volante, parpadea para limpiar el sudor que le llega a los ojos. A su lado circula un tráfico lento e interminable. Llega con una hora de retraso a la reunión, ya le han llamado tres veces pidiendo explicaciones. El coche por cuya plaza lleva esperando diez minutos maniobra con una torpeza exasperante pero no quiere presionarle, es una frágil promesa. Ha tenido que ahuyentar a muchos conductores carroñeros, pero finalmente el coche se aleja y ella acelera hacia su espacio. Es un vado de garaje. Pronto el coro de claxons acompaña su llanto en el vehículo inmóvil.
el buceador
El buceador busca, pero no quiere encontrar. Se limita a contemplar el fondo arenoso, dejando la mente en blanco y haciendo que la regular cadencia de su respiración lo llene todo. Avanza despacio, moviendo suavemente las aletas entre las columnas de luz que cruzan el agua y se funden en este mundo de anomalías. Espira. Hay un bloque en el suelo demasiado limpio de sedimentos. Respira y observa la cadena enganchada, los eslabones que también se mecen al compás silencioso, hasta el tobillo, el cuerpo, la cara inexpresiva, los ojos vidriosos que no quería, por nada del mundo, encontrar.
Minuto de Caos
En su primer día en la oficina le advirtieron sobre el Minuto de Caos. Los trabajadores tenían exactamente sesenta segundos diarios para desatar sus energías contenidas, sin restricciones. A las once en punto, casi sufrió un infarto cuando todos sus compañeros comenzaron a gritar al unísono, con caras desencajadas de furia. Vio volando bolígrafos y teclados, un hombre volcó torpemente la fotocopiadora, su jefa abrió su blusa lascivamente hacia él, un desafío de pezones erectos. Más allá, dos hombres encorbatados lucharon, rodando por el suelo, hasta agotar el último segundo.
No pudo pensar en otra cosa hasta el día siguiente.
No pudo pensar en otra cosa hasta el día siguiente.
nené
Ay, el nené. Mira al nené, cómo camina. Uno, dos, así, con cuidado. Mira al guau. ¿Quieres ir al columpio? ¿Al caballito? ¿te quieres subir? Qué bonito el caballito. Uy, que tienes una amigüita, qué guapa. Dile “hola”, dile “hola, hola, ¿cómo te llamas?, yo me llamo Julito”. Ay, cómo se ríe. Es que los niños se entienden, ¿verdad? Ay, como se quieren, mire que abrazo, ay que besito. ¿Le das otro besito a la niña? Qué rica. ¿Manuel? ¿Es un niño? Qué gracioso. Yo pensé. Fíjate. Déjalo Julito, deja al nené. Ya está bien de besito, ven Julito, ven.
el cuerpo
El todoterreno sigue circulando despacio, con los intermitentes puestos, pero sin llegar a detenerse. Está hiperventilando, la descarga de adrenalina le ha puesto en órbita. Por el espejo retrovisor puede ver el cuerpo del ciclista caído. Bajo la escasa luz de la farola le parece entrever una rueda girando y algo negro que se extiende por el suelo. Es imposible que haya sobrevivido, se dice. Hasta la luna del todoterreno se ha agrietado. El coche sigue avanzando lentamente por la carretera, una recta oscura y silenciosa. Piensa en sus hijos durmiendo. Apenas es una decisión consciente acelerar alejándose del cuerpo.
orden del día
A continuación Don Gumersindo Albea, vecino del quinto derecha, toma la palabra para denunciar que le están robando ropa del tendedero del patio interior. Don Emilio Céspedes, vecino del cuarto izquierda, pide la palabra y expone que nadie se lleva nada de las líneas de Don Gumersindo, que otra cosa es que él tienda su ropa dónde quiere, por lo que seguramente acabará en la basura, que es donde de todas formas tendría que estar si Don Guimersindo tuviera vergüenza.
Seguidamente Don Emilio es interrumpido por un puñetazo en la boca que altera definitivamente el resto del orden del día.
Seguidamente Don Emilio es interrumpido por un puñetazo en la boca que altera definitivamente el resto del orden del día.
La estrella internacional
La estrella internacional de canción ligera contempla a sus fans agolpándose en las puertas del hotel. Anoche hizo quizás la mejor actuación de su vida, no está seguro de si podrá superarla. La multitud corea sus temas, grita, pierde los estribos. El personal de seguridad apenas puede contener la riada de seguidores, cada vez mayor, que colapsa las puertas. Observa como éstas caen y la marabunta penetra corriendo en el interior del hotel, arrasando todo a su paso, gritando su nombre, buscándolo. La estrella internacional de canción ligera escucha, aterrorizado, como su última balada anuncia la llegada de la horda.
código de vestuario
Nunca le ha gustado el código de vestuario impuesto por su jefe. Le parece ridículo y arbitrario y le ha traído no pocos problemas. Al principio recibía simplemente carraspeos idiotas por sus zapatos italianos o un nuevo blazer, pero la hostilidad fue aumentando hacia las palabras mordaces, como cuando llevó el pañuelo Hermès. El colmo fue la bronca que recibió su dos piezas Versace. Es un profesional solvente, responsable y puntal y le gusta ir elegante, ¿qué más importa?
Intenta olvidar el asunto mientras puntea los atronadores primeros acordes, los focos barren el escenario y escucha los aullidos del público.
Intenta olvidar el asunto mientras puntea los atronadores primeros acordes, los focos barren el escenario y escucha los aullidos del público.
La respuesta
La pregunta queda en el aire, seguida por un tenso silencio expectante. Sabe que de su respuesta depende buena parte de su futuro. La decisión requiere un arrojo que no está seguro de tener. Sin quererlo, evoca su pasado familiar. A su bisabuelo, muerto heróicamente en misión de guerra. A su abuela, salvando a la familia de los bombardeos. A su padre, que impidió que el ayuntamiento derribara el viejo teatro poniéndose enfrente de las excavadoras. A su hermano y su larga disputa con la compañía del gas.
- No, lo siento. No es mi trabajo traerle cafés a nadie.
- No, lo siento. No es mi trabajo traerle cafés a nadie.
Humo
- En realidad no hay un porqué. No digo que seas tú o sea yo, simplemente son cosas que pasan.
Es una sucia artimaña, pero sabe que esta vaguedad le permite preparar el momento.
- Nada que hayas hecho. Quizás son cosas que no han pasado.
Saborea la perplejidad, la confusión culpable que ya se refleja en la cara de ella.
- Yo también pensé que esto iba hacia alguna parte. Pero, ¿hacia dónde?
Este humo tóxico comienza a hacer efecto. En su interior no tiene reservas en felicitarse por un buen trabajo cuando las primeras lágrimas comienzan a temblar.
Es una sucia artimaña, pero sabe que esta vaguedad le permite preparar el momento.
- Nada que hayas hecho. Quizás son cosas que no han pasado.
Saborea la perplejidad, la confusión culpable que ya se refleja en la cara de ella.
- Yo también pensé que esto iba hacia alguna parte. Pero, ¿hacia dónde?
Este humo tóxico comienza a hacer efecto. En su interior no tiene reservas en felicitarse por un buen trabajo cuando las primeras lágrimas comienzan a temblar.
el Maestro
El lenguaje es pecaminoso e ilusorio, medita el Maestro. Las vanas palabras sirven tanto para nombrar la estela de un caracol como el rastro de un cometa. Uno es la huella de un ser vivo insignificante, el otro es la coronación del universo. ¿Cómo pueden cosas tan dispares representarse con la misma clase de símbolos y sonidos? El lenguaje debería nombrar cada cosa, pero también aludir a su naturaleza. Pobres blasfemos. ¿Cómo pretenden abarcar el océano en una palabra? ¿Y el amor? ¿Cómo podrían así invocar a Dios?
Esto piensa el Maestro, aunque naturalmente nunca podrá decirlo, para no pecar.
Esto piensa el Maestro, aunque naturalmente nunca podrá decirlo, para no pecar.
Heracles
Heracles aparece victorioso sobre el descomunal Toro de Creta, una bestia que exhala lenguas de odio y fuego. El pueblo jalea al héroe a una prudente distancia. Heracles levanta el puño y reclama la gloria de su séptimo trabajo. Ha sido duro, tiene el cuerpo magullado, quemado, le duelen músculos desconocidos. Euristeo le recibe con frialdad y ordena liberar al animal, que causará estragos por el mundo. Entrega a Heracles el pergamino con su octava prueba. Debe robar las yeguas de Diomedes. El héroe le mira, colérico. No puede creer que otra vez sea un contrato por obra y servicio.
escapatoria
El agente secreto de ficción siente el calor del rayo láser derritiendo la plancha de acero. Grilletes plateados sujetan sus manos y pies. La resplandeciente línea corta limpiamente el plano, como seguirá en pocos segundos – es difícil calcular cuántos – con su entrepierna y el resto de su cuerpo. Forzar las sujecciones no ha funcionado. Tampoco la oratoria, el subterfugio ni las amenazas. El rayo ya casi roza su piel, entiende que no tiene escapatoria. No se equivoca. La hoja se arruga y el hastiado escritor hace una bola con ella y la tira junto al enorme montón en el suelo.
lo peor de todo
De todas las situaciones que el profesor había tenido que soportar en su primer año de docencia, aquella sin duda era la peor. Le habían ignorado con saña, le habían lanzado bolas de papel y balas de tiza que dejaban duras exclamaciones blancas en la pizarra. Le habían pegado chicle en la ropa, le habían robado la cartera dos veces. Una vez le encerraron en el baño y tuvo que pedir ayuda gritando por la ventana. Tampoco olvidaba cómo fue rodar por las escaleras o apagar el incendio en su departamento. Pero aquello era, sin duda, lo peor de todo.
la evolución
Al final resultó que los creacionistas tenían razón. El mundo tenía unos pocos miles de años, había sido creado por Dios, un poco al tuntún, haciendo que algunas especies simplemente cambiaran de un día para otro. De hecho, los dinosaurios habían sido una broma privada entre dos naturalistas, un bulo que había ido creciendo hasta el disparate. Ya se sabe que la gente cree lo que quiere creer.
Vaya chasco, piensa el viejo científico, avergonzado. Pasó media vida dando altaneras conferencias sobre la evolución y ridiculizando a aquellos crédulos. Solo espera que no haya muchos conocidos aquí, en el infierno.
Vaya chasco, piensa el viejo científico, avergonzado. Pasó media vida dando altaneras conferencias sobre la evolución y ridiculizando a aquellos crédulos. Solo espera que no haya muchos conocidos aquí, en el infierno.
piso piloto
Jose, ¡me acaba de llamar mi hermana! ¿Te acuerdas que ayer iban a ver el piso piloto? Pues dice que está súper bien, que ya están terminando la urbanización y están vendiendo súper rápido, que es enorme y hay un centro comercial al lado, que en veinte minutos te pones en la circunvalación. Que son súper majos y te ayudan con el trámite de la hipoteca. ¡Ay, Jose! Dice que si queremos podríamos ir mañana a verla y a lo mejor coger un piso allí, al lado de ellos, pero hay que decirlo ya, que se están vendiendo súper rápido.
el secreto
La caja contiene tres grimorios forrados con piel, cubiertos de runas y extraños símbolos. También hay un puñal de plata, un espejo grabado con algo que parece árabe y dos frascos de cristal turbio, uno rojo y otro verde. Se sienta en el suelo de la cocina, junto a la baldosa rota donde acaba de encontrar la caja. Todo parece relacionado con su misterioso bisabuelo, que custodiaba un peligroso secreto, y con guerras silenciosas entre sociedades ocultas.
Se pasa la mano por la cara y resopla. Mejor deja todo este asunto pendiente hasta que termine el examen de las oposiciones.
Se pasa la mano por la cara y resopla. Mejor deja todo este asunto pendiente hasta que termine el examen de las oposiciones.
Mamá Loawa
Está más nerviosa que la chica al otro lado del teléfono, pero hace lo posible por disimularlo. Escucha a sus compañeras alrededor, un murmullo de voces veteranas diciendo lo correcto, concentradas en sus propias conversaciones. Le sudan las palmas de las manos y nota un timbre poco profesional en su voz. Tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros. Sus palabras podrían cambiar una vida, muchas vidas. Debe concentrarse, recordar todo lo que ha aprendido de Mamá Loawa.
- Rosa, de ese chico que te gusta, ¿sabes su fecha de nacimiento?- comienza a decir, mientras baraja las cartas con manos temblorosas.
- Rosa, de ese chico que te gusta, ¿sabes su fecha de nacimiento?- comienza a decir, mientras baraja las cartas con manos temblorosas.
el herido
Desde el suelo, se mira atónito las manos rojas. Sangra profusamente por el abdomen.
De pronto, también por el cuello.
Se presiona torpemente intentando detener las hemorragias, pero es inútil. De sus heridas nace un rápido sendero rojo que solo lleva a un lugar. Se asusta cuando sus ojos se velan. Emite un gemido sibilante, tiembla. Finalmente queda inmóvil y deja de ser un herido.
Justo delante, el hombre que sujeta el destornillador retrocede unos pasos para que la sangre no le manche los zapatos. Sonríe pensando que hubo idiotas que dijeron que la venganza no le devolvería la paz.
De pronto, también por el cuello.
Se presiona torpemente intentando detener las hemorragias, pero es inútil. De sus heridas nace un rápido sendero rojo que solo lleva a un lugar. Se asusta cuando sus ojos se velan. Emite un gemido sibilante, tiembla. Finalmente queda inmóvil y deja de ser un herido.
Justo delante, el hombre que sujeta el destornillador retrocede unos pasos para que la sangre no le manche los zapatos. Sonríe pensando que hubo idiotas que dijeron que la venganza no le devolvería la paz.
el aplauso
Se mira en el espejo. Tiene un corte de pelo completamente asimétrico y aun le cubre el delantal que le puso el viejo peluquero, antes de derrumbarse con la mano en el pecho. Los enfermeros le apartan para llevarse el cuerpo del anciano, pieza esencial de la historia del barrio.
Un enorme corro de vecinos abre paso a la camilla. Hay lágrimas, estupor, caras de asombro. Un infarto, susurran. Nace un tímido aplauso, el último homenaje a un humilde artesano, que crece hasta convertirse en rugido.
Aplaude azorado. Le aterra el delicado asunto de preguntar quién puede terminar de cortarle.
Un enorme corro de vecinos abre paso a la camilla. Hay lágrimas, estupor, caras de asombro. Un infarto, susurran. Nace un tímido aplauso, el último homenaje a un humilde artesano, que crece hasta convertirse en rugido.
Aplaude azorado. Le aterra el delicado asunto de preguntar quién puede terminar de cortarle.
miradas
No está orgulloso, pero sigue haciéndolo cada noche. Se considera esclavo de una obsesión. Desde la ventana del baño, espía el cuarto rosa donde la hija de los vecinos se cambia, casi siempre con las cortinas abiertas. Se dice que ella no tendrá más de quince, pero considera que no hace nada malo, solo la mira.
De pronto adivina una silueta en una ventana de enfrente. Parece el vecino, medio escondido en las sombras. Por el ángulo de visión, ¿no está mirando la habitación de su hija, en la segunda planta? El problema se complica cuando sus miradas se cruzan.
De pronto adivina una silueta en una ventana de enfrente. Parece el vecino, medio escondido en las sombras. Por el ángulo de visión, ¿no está mirando la habitación de su hija, en la segunda planta? El problema se complica cuando sus miradas se cruzan.
Gracias por venir
Gracias por venir. ¿Cómo están? Verán, les he llamado porque quisiera comentarles algo sobre su hijo Samuel. Ayer realizamos un ejercicio en clase en el que les dimos vía libre para que dibujaran lo que quisieran. Y bien, esto es lo que dibujó su hijo.
Ha sido un disgusto enorme, tuve que quitarlo antes de que los otros niños lo vieran. No creo que tenga edad de dibujar estas cosas y tenemos que…
Bueno, creo que es evidente.
Un… pene. Erecto.
¿Cómo que un cohete?
¿Les parece un cohete?
¿Darle la vuelta?
¿Y esto de aquí?
¿Me toman el pelo?
Ha sido un disgusto enorme, tuve que quitarlo antes de que los otros niños lo vieran. No creo que tenga edad de dibujar estas cosas y tenemos que…
Bueno, creo que es evidente.
Un… pene. Erecto.
¿Cómo que un cohete?
¿Les parece un cohete?
¿Darle la vuelta?
¿Y esto de aquí?
¿Me toman el pelo?
Rose
Rose observa por la ventana de la cocina el jeep militar al comienzo de la calle. Tiene las manos crispadas, inmóviles bajo el grifo abierto. El oficial sale del vehículo, mira los números y comienza a bajar la calle, con el paso lento de quienes hacen una tarea que les disgusta. Rose sabe qué significa un oficial trayendo noticias a casa en tiempo de guerra. El hombre pasa de largo otras vidas y se acerca al final de la calle. Es ella o Susan, su reflejo en la ventana de enfrente, también suplicando que la muerte llame a otra puerta.
el cortejo
El periodista pensaba que el escritor era un oportunista sobrevalorado. El escritor, que el periodista era un pipiolo vanidoso, más empeñado en construir frases lapidarias que en escribir reseñas coherentes. El escritor necesitaba urgentemente aparecer en un artículo interesante. El periodista tenía un ultimátum de su revista. Se encontraron, por tanto, con la mejor de las voluntades. El cortejo entre los dos egos fue complicado, tenso y artificioso, estirado a unas copas tardías, medianas confidencias y guerrilla de ingenios. Al cerrar el último bar, el escritor opinaba que el periodista era gilipollas. El periodista, que había entrevistado a un imbécil.
el funcionario
Años atrás, el funcionario se vio en medio del fuego cruzado de dos directores que disputaban su entonces prometedora capacidad de trabajo. Repentinamente uno fue ascendido y el otro jubilado. El resultado para el funcionario fue una ausencia casi total de tareas. Se acostumbró entonces a quejarse del interminable (y ficticio) trabajo pendiente para evitar nuevas obligaciones y pasaba su jornada feliz, sin trabajar una hora.
Ahora tiene delante a un joven listo y ansioso, recién asignado a su cargo, para echarle una mano. El funcionario le mira. Es un ser de otro mundo que viene a llevarse su calma.
Ahora tiene delante a un joven listo y ansioso, recién asignado a su cargo, para echarle una mano. El funcionario le mira. Es un ser de otro mundo que viene a llevarse su calma.
el vampiro
El vampiro inició un recuento de creencias erróneas sobre su especie. Entraba habitualmente en iglesias y llevaba al cuello un crucifijo. Le gustaba el ajo, carecía de colmillos agudos, los espejos respondían a su imagen. El sol era simplemente molesto para su piel albina. Entraba en cualquier casa sin ser invitado y nunca se había podido transformar en animales, mucho menos en niebla. Su inmortalidad nunca había sido probada debido a una vida sedentaria y estaba aun dentro en la esperanza de vida humana. Quedaba el ansia de sangre.
¿Y si solo era - se horrorizó - un simple demente?
¿Y si solo era - se horrorizó - un simple demente?
Patricio
Como en su segunda juventud Patricio se había estado beneficiando a la esposa del director de la Academia, no fue hasta la muerte de éste que le concedieron el merecido premio por su obra.
De pie junto al atril, estaba a pocos segundos de vengar esta terrible espera con un discurso tan hostil e inflamado que el verdadero reto era averiguar cuánto tardarían en hacerle bajar. Miró al respetable y sintió dudas. Tomó aire y lentamente fue poseído por ese espíritu inane que a veces transforma la voluntad de aquellos que son reconocidos.
- Queridos amigos, es un honor recibir
De pie junto al atril, estaba a pocos segundos de vengar esta terrible espera con un discurso tan hostil e inflamado que el verdadero reto era averiguar cuánto tardarían en hacerle bajar. Miró al respetable y sintió dudas. Tomó aire y lentamente fue poseído por ese espíritu inane que a veces transforma la voluntad de aquellos que son reconocidos.
- Queridos amigos, es un honor recibir
el jugador
Ojos verdes, piernas largas, falda corta. Su sonrisa es como un detonador.
Siente la presencia a su lado, como una promesa en voz baja. Manos perfectas, uñas brillantes rozan suavemente su codo. Sus labios parpadean, hay un gesto con los ojos que no es un guiño, es un pequeño signo de exclamación, el chasqueo de un arma cargada. El jugador se da cuenta de que no ha dejado de mirarla y ahora todos le observan a él. Se vuelve. Agita la mano, lanza los dados por última vez y asume que, pase lo que pase, esta noche va a perder.
Siente la presencia a su lado, como una promesa en voz baja. Manos perfectas, uñas brillantes rozan suavemente su codo. Sus labios parpadean, hay un gesto con los ojos que no es un guiño, es un pequeño signo de exclamación, el chasqueo de un arma cargada. El jugador se da cuenta de que no ha dejado de mirarla y ahora todos le observan a él. Se vuelve. Agita la mano, lanza los dados por última vez y asume que, pase lo que pase, esta noche va a perder.
El villano
El villano yace inmóvil. Es mediodía y siente un denso aburrimiento. Se incorpora en la inmensa cama, descubre las sábanas de seda y mira al acuario donde hacen ronda tres tiburones.
Le molesta reconocer que se equivocó, pero es la verdad. Debió dejarle escapar, in extremis, como en ocasiones anteriores. Ahora ha perdido a su archienemigo, al héroe que daba sentido a aquellos planes grandilocuentes, al único que siempre encontraba, afortunadamente, el modo de desbaratar sus locuras colosales.
Ahora ya no es un villano. Solo es un viejo rico mirando a sus tiburones, esos idiotas que resultaron ser demasiado voraces.
Le molesta reconocer que se equivocó, pero es la verdad. Debió dejarle escapar, in extremis, como en ocasiones anteriores. Ahora ha perdido a su archienemigo, al héroe que daba sentido a aquellos planes grandilocuentes, al único que siempre encontraba, afortunadamente, el modo de desbaratar sus locuras colosales.
Ahora ya no es un villano. Solo es un viejo rico mirando a sus tiburones, esos idiotas que resultaron ser demasiado voraces.
el móvil
Arturo está entusiasmado con su nuevo móvil. Sube y baja por los menús, explora todas las opciones, hasta que encuentra las plantillas preescritas de mensajes de texto.
“Llegaré tarde"
“La reunión se ha cancelado”
“Te espero en”
“Feliz Cumpleaños”
“Muchas gracias"
“Solo era una aventura”
“Quiero el dinero en”
“Comprueba que no te siguen”
“Ya te lo advertí”
“Te estamos vigilando”
“Deshazte de todo”
“Coge el bolso del dinero y ven a”
“Me siguen”
“Estoy acorralado en”
“Trae munición”
“Me tienen”
“Promete que cuidarás de”
Arturo frunce el ceño. Es la última vez que compra un móvil de segunda mano.
“Llegaré tarde"
“La reunión se ha cancelado”
“Te espero en”
“Feliz Cumpleaños”
“Muchas gracias"
“Solo era una aventura”
“Quiero el dinero en”
“Comprueba que no te siguen”
“Ya te lo advertí”
“Te estamos vigilando”
“Deshazte de todo”
“Coge el bolso del dinero y ven a”
“Me siguen”
“Estoy acorralado en”
“Trae munición”
“Me tienen”
“Promete que cuidarás de”
Arturo frunce el ceño. Es la última vez que compra un móvil de segunda mano.
el número
Hola. Perdona que te llame tan tarde. Quería comprobar que tengo bien tu número. Por asegurarme. Creí haber tomado mal el número. No te dije nada antes porque me dio un poco de vergüenza. Hacía tiempo que no hablábamos y me pareció que si te decía de nuevo que repitieses el número, ibas a pensar que soy idiota. Pero en el camino a casa pensé que soy tonto, que podemos ser buenos amigos y que lo mejor es ir de frente y si no estaba seguro, lo mejor era llamarte.
¿Estabas despierto? Lo siento. A mí me cuesta mucho dormir.
¿Estabas despierto? Lo siento. A mí me cuesta mucho dormir.
unidos
En estos momentos, escúchame, en estos momentos. De verdad, escúchame. Lo que hace falta. Sí, pero, escucha. Lo que necesitamos es no dejarnos caer. Ahora no. Justo ahora no. Sí, espera. Lo que digo es que es el momento de mantenernos. De resistir. Sí, de aguantar el tipo, ahora es cuando nos cae el chaparrón y hay que ser fuertes. Unidos. Una piña. Sí, todos arrimando el hombro. Todos. Ya, pero aquí todos hemos metido la pata un poco y ahora hay que apechugar, cada uno en su lado, pero juntos. Ahora es cuando. ¿Cómo?
…
Faltan casi noventa mil.
…
Faltan casi noventa mil.
El ojo
Durante su infancia imaginaba el estanque redondo como la gigantesca pupila de un ojo monstruoso que espiara el cielo. Por la noche, las estrellas se distorsionaban en la superficie, intranquila por la brisa del verano y el vibrar de los insectos. Temblaba el reflejo, como si el ojo buscara algo. A veces se atrevía a sentarse y sumergir allí los pies, con el miedo y secreta esperanza de que aquello le atrapara y sumergiera hasta un frío fondo fangoso, lleno de secretos atrapados por la mirada. Pasados los años, le pareció el mejor lugar para hundirse atado a la piedra.
el caos
Frenos, un grito, un derrape, vueltas de campana, cristales que estallan, el coche se escora y patina y encuentra un vacío donde antes hubo suelo y salta y atraviesa las vallas como si fueran papel y rueda colina abajo. El armazón dispara fragmentos al aire: metálica piel muerta que se desprende del cuerpo que gira. Impacta contra un árbol que cruje y desvía su rumbo y se estrella en el lecho seco de un río. Allí se detiene el testimonio final de escombros bañados en sangre. Luego humo y silencio.
Así escriben los dioses del caos sus cartas de amor.
Así escriben los dioses del caos sus cartas de amor.
La ventana
Por favor, les ruego que no saquen las manos por la ventanilla, podrían hacerles daño. Sé que ahora no me toman en serio, nunca hacen caso a este consejo hasta que es demasiado tarde. No lo digo porque quiera hacer menos satisfactoria la experiencia, deben creerme. Es una precaución necesaria. Hace apenas un año, una joven sacó la mano por el hueco de la ventana, ahí mismo. El mordisco le arrancó la mano, el tirón la empotró contra la pared, su cabeza agrietó el cristal. No puedo decir que me alegrara, pero debo recordarles que ella también había sido advertida.
Taxi
Roberto cierra la puerta del taxi y se limita a decir “al aeropuerto”. Comprueba la hora y por fin se relaja un poco mientras es conducido calle abajo. Intenta recordar lo último que le ha dicho Marisa. A saber. Ya la llamará por la noche. El interminable crujido de la emisora alterna voces aburridas y estridencias. Minutos después, en una confusa ráfaga de voz le parece oír su propia dirección. Extrañado, atiende al mensaje. La señora lleva cinco maletas (crujido), tiene mucha prisa. Una pausa y Roberto entiende que Marisa le deja.
Mira el reloj.
Imposible volver, perdería el avión.
Mira el reloj.
Imposible volver, perdería el avión.
Azar
Tan planificado estaba aquel asunto que, cuando ocurrió, ambos sabían con certeza lo que debían hacer. Habían bebido lo justo para alegar una embriaguez transitoria que no impidiera ni los prolegómenos ni la feliz y deseada conclusión. Ambos fingirían sorpresa, mintiendo que aquello era una desatada pasión, ambos se justificarían mutuamente el error, ambos convendrían entre sábanas ya tibias, que nadie debía saberlo. Ambos pensaban dejar el “nunca más” sujeto a los resultados de tan calculado azar. Un sólo error ocurrió: ninguno de los dos imaginó que necesitaran ir a comprar condones y quebrar la magia de tan fortuito encuentro.
Veo a Clara
Veo a Clara ante mí, escondida en ese disfraz de mujer luminosa y vital, tan llena de sol. La veo, atravesando sus pretensiones y sus máscaras. La veo, más allá del cuerpo tenso, del azul traje vaporoso, de su risa, de los dientes blancos y perfectos que secundan todos los comentarios de la mesa.
La veo aunque quiera esconderse, aunque pretenda ignorar mi presencia en esta tertulia de amigos aparentemente inofensiva. La veo y la descifro con una mirada. Ésa no es Clara, es solo otro intento de evasión, uno más, del laberinto del que yo soy la única puerta.
La veo aunque quiera esconderse, aunque pretenda ignorar mi presencia en esta tertulia de amigos aparentemente inofensiva. La veo y la descifro con una mirada. Ésa no es Clara, es solo otro intento de evasión, uno más, del laberinto del que yo soy la única puerta.
El Cielo
Hijos míos, o Dios nos disculpa en la Tierra o Dios nos disculpa en el Cielo, pero no creo en esa mezcla oportunista de quienes no quieren arriesgarse.
Creo fielmente en Dios, como hombre y como sacerdote. Creo que nos ha puesto aquí para que hagamos de la Tierra Su Reino o perdamos la vida en el intento. Sí, pongamos la otra mejilla. Y resistamos nuestros golpes con valor. Pero demos también las bofetadas necesarias en en largo camino hacia el bien.
Hijos míos, yo bendigo hoy estas armas y esta Revolución tan dolorosas como necesarias, verdaderos instrumentos de Dios.
Creo fielmente en Dios, como hombre y como sacerdote. Creo que nos ha puesto aquí para que hagamos de la Tierra Su Reino o perdamos la vida en el intento. Sí, pongamos la otra mejilla. Y resistamos nuestros golpes con valor. Pero demos también las bofetadas necesarias en en largo camino hacia el bien.
Hijos míos, yo bendigo hoy estas armas y esta Revolución tan dolorosas como necesarias, verdaderos instrumentos de Dios.
Antigüedades
Lo único que sabía el joven Gonzalo de antigüedades cuando se hizo cargo del local de la calle Robles, era que todos los establecimientos del ramo tenían un indefinible matiz exótico.
Así que dejó que una gruesa capa de polvo cubriera los artículos, expuestos en un calculado desorden y sin precios visibles. Cubrió la luz de la calle con amplias cortinas hasta obtener una atmósfera cálida, un leve rastro de ensueño. Apuntó las referencias del escaso género valioso en un catálogo de aspecto solemne que solo mostraba a los mejores clientes.
Sonriendo, se marchitó allí dentro como una flor tardía.
Así que dejó que una gruesa capa de polvo cubriera los artículos, expuestos en un calculado desorden y sin precios visibles. Cubrió la luz de la calle con amplias cortinas hasta obtener una atmósfera cálida, un leve rastro de ensueño. Apuntó las referencias del escaso género valioso en un catálogo de aspecto solemne que solo mostraba a los mejores clientes.
Sonriendo, se marchitó allí dentro como una flor tardía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)