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Veinte metros


Oscar, es que soy tu trampolín emocional. Cada vez que te abandonan me usas para recuperarte y saltar hacia otra. Me buscas porque sabes que siempre te espero y que abandonaré a cualquiera por ti. Pero apenas me das unas semanas de felicidad, un día te apagas como una vela y desapareces.

No es el momento más ortodoxo para esta discusión. El regulador no les permite leer los labios, con la máscara de buceo se pierde la expresión de su cara, el agua ralentiza la lengua de signos. 
Pero las palabras, incluso a veinte metros de profundidad, le queman igual.


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