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Naranjas

Venía de comprar naranjas la mañana que comenzó el Apocalipsis.
Había localizado el mejor género del mercado y, satisfecho, cargaba con tres kilos en una malla.
Inevitablemente rodaron por el suelo cuando la voz anunció el fin y los meteoritos trazaron en el cielo líneas de fuego tan bajas que violentaron los edificios cercanos como jarrones de porcelana.
Inmóvil bajo la lluvia de cristales, Caín contempló desencantado como aquellas preciosas naranjas se dispersaban entre la multitud que corría o se arrodillaba.
No por primera vez sufría los rigores de la ira de Dios.
Pero sonrió pensando que sería la última.

1 comentario:

Unknown dijo...

¿Violentaron? A los Cainitas les ofendería tu pretensión de que Caín no sobreviviría al Apocalipsis. Él sirve a un Dios mayor...